skip to Main Content

PRESENTACIÓN

La fotografía tiene la virtud de poder congelar las imágenes del mundo que nos rodea. Las fija en un momento del tiempo al que irremediablemente no podremos volver jamás. Tenemos, al menos, el consuelo de que ese momento ha ocurrido y lo que reflejan ha existido o todavía sigue existiendo.

Otra de sus cualidades es que las fotos registradas nos ponen al alcance de la vista imágenes que, aunque plasmadas en un papel o en una pantalla, nos descubren mundos que, tal vez, nunca hubiéramos podido o podremos contemplar.

Por último, las imágenes tienen también la capacidad de provocar emociones y sensaciones, de transmitir conocimiento e incluso de movilizarnos para conocer la realidad de lo que ellas representan.

Esta exposición fotográfica surgida por iniciativa del Ayuntamiento de Martín del Río participa, o al menos así lo pretende, de las premisas anteriores.

Cabe preguntarse por qué se exponen fotografías de torres y no otro tipo de imágenes. No es ningún misterio, todos los pueblos tienen iglesia y prácticamente todas las iglesias cuentan con su correspondiente torre que, además, suele ser bastante fotogénica. Es un recurso fácil de trabajar, pero eso no quita para abrir un camino a otros temas, territoriales o no, que se puedan abordar desde la perspectiva fotográfica como ya lo ha sido la creación del Banco de la Memoria Colectiva de Martín del Río.

Las cuarenta y cinco fotografías que componen la exposición reflejan como son o, en algún caso como han sido, las torres de las iglesias de todos los pueblos de la Comarca de las Cuencas Mineras.

En estas imágenes ha quedado detenido el tiempo. Hoy es algo que parece no tener importancia porque muchas de ellas son tan recientes que no suscitan el interés de lo pasado. El aspecto actual de los monumentos fotografiados no difiere mucho del de estas imágenes. Además, no se trata de un bien escaso. Probablemente existen miles de fotos de todos estos monumentos. En cualquier caso, no deja de ser un mensaje para el futuro. ¡Cuánto echamos en falta esas fotos de otros tiempos!

La exposición tiene la ventaja de las colecciones. Reúne en un espacio limitado un conjunto de elementos que, aunque no sería demasiado costoso, llevaría su tiempo acercase hasta ellos. Aquí están al alcance de quien quiera contemplarlos y además puede recorrerse, de torre en torre y virtualmente, la comarca entera.

Si entramos en el valor de las fotografías, mi afición por esta disciplina tiene un carácter más documental que artístico. Probablemente puedan encontrarse imágenes de estas torres con mejores encuadres, iluminación, color, etc. Las que aquí se exponen, han sido tomadas, en su mayoría, sin intención de exponerlas como una obra artística, pero sí de mostrar los elementos valiosos que tenemos en nuestra tierra. Ojalá que con estas fotos se pudiera conjugar aquello de “enseñar deleitando” pero no siempre es posible.

En cualquier caso, la exposición aporta, a través de un código QR, los detalles fotográficos de cada instantánea: apertura focal, tiempo de exposición, lugar de la toma, etc.; así como una referencia a las características arquitectónicas, artísticas e históricas de las torres.

Aquí es cuando entramos en la tercera virtud de la imagen fotográfica, lo que nos provoca al mirarla: desde una visión fugaz y pasajera que apenas deja huella y que incluso puede provocar hasta cierto aburrimiento por ver tanta torre junta, hasta las ganas de planificar un viaje para visitar in situ lo que hemos visto en la foto. También se puede disfrutar en mayor o menor medida con la estética de la torre o de la propia foto, profundizar en el conocimiento de la historia de nuestro entorno más cercano o plantearnos incluso la promoción de este recurso patrimonial del que disponemos.

Es cierto que, en la práctica y por diversos motivos, no he podido visitar el interior de casi ninguna de las iglesias que sostienen estas torres. Una de las principales causas es que no es fácil encontrar a alguien que facilite su visita ¿y por qué no hay nadie?  También esa reflexión la puede motivar esta exposición.

Se podría hablar mucho más de los asuntos que aquí se tratan, pero creo que es suficiente esta breve presentación.

Y ahora, a disfrutar de uno de los tesoros de nuestro territorio: en la exposición y, si es posible, en la realidad, porque estas torres existen todavía.

Martín del Río, octubre de 2026 Pablo A. Dolz Millán